El aula ideal: diseñar la disposición física para favorecer relaciones

La colocación de mesas no es neutral. El efecto Zajonc demuestra que la proximidad física predice las elecciones sociométricas. Analizamos cuatro disposiciones y su impacto real en la dinámica del grupo.

¿Nuevo en los sociogramas? Lee primero qué es un sociograma y para qué sirve.

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En 1968, el psicólogo Robert Zajonc publicó un experimento que incomodó a mucha gente porque sus implicaciones eran demasiado simples para ser ciertas. El efecto de mera exposición: la proximidad repetida a un estímulo —una persona, un objeto, una idea— aumenta la valoración positiva de ese estímulo, independientemente de cualquier interacción real. No hace falta conocer a alguien para empezar a valorarlo positivamente. Basta con estar cerca.

Las consecuencias para el aula son incómodas precisamente porque son mecánicas. El alumno que se sienta en la primera fila a la izquierda tiene más probabilidades de elegir sociométricamente al que se sienta a su lado que al que se sienta al fondo a la derecha, con independencia de la compatibilidad real entre ellos. La disposición física del aula es, sin que el tutor lo decida explícitamente, una decisión sociométrica. La primera que se toma. Y se toma antes de conocer al grupo.

Jane Jacobs lo sabía de las ciudades antes de que Zajonc lo demostrara en el laboratorio. En Muerte y vida de las grandes ciudades americanas (1961), Jacobs argumentó contra el urbanismo funcionalista que separaba las actividades humanas en zonas: aquí el comercio, allí la residencia, más allá los parques. El problema, decía Jacobs, es que los encuentros no ocurren en espacios diseñados para los encuentros. Ocurren en los lugares de paso, en las aceras con mezcla de usos, en las esquinas donde se cruzan trayectorias distintas.

El aula es una ciudad pequeña. Y la forma en que se organizan sus calles determina dónde ocurren los encuentros y dónde no.

Lo que las disposiciones hacen sin que nadie lo note

Antes de comparar disposiciones específicas, hay un principio que lo organiza todo: la disposición física del aula no solo afecta a dónde se sientan los alumnos. Afecta a quién puede mirar a quién, quién puede hablar con quién sin violar una norma implícita, quién queda en el campo de visión natural del tutor y quién queda en los márgenes de ese campo.

Ese último punto es más relevante de lo que parece. La investigación sobre distribución de atención docente —que vimos en el caso de Elena en el artículo anterior— muestra que los tutores interactúan de forma significativamente mayor con los alumnos que están en el área de mayor visibilidad. En disposición de filas, esa área es el triángulo central frontal: las tres primeras filas del centro. En disposición en U, es toda la primera línea. En grupos o islas, depende de hacia dónde apunta la silla del tutor cuando se sienta.

El alumno que queda fuera del área de visibilidad natural del tutor no recibe menos atención porque el tutor lo quiera ignorar. La recibe menos porque el ojo no va hacia allí de forma automática. Y menos atención docente correlaciona, como vimos, con posiciones más periféricas en la red social del grupo. 30-2.jpg

Las cuatro disposiciones principales

Filas tradicionales

Lo que favorece: El trabajo individual y la atención frontal. En términos de gestión del aula, es la disposición con menor ruido y mayor control del tiempo de tarea. Para grupos con conflictos activos entre subgrupos, puede ser útil durante períodos cortos porque reduce las interacciones involuntarias.

Lo que dificulta: Casi todo lo relacionado con las relaciones. Las filas crean una jerarquía espacial implícita —delante/detrás, centro/laterales— que tiende a reproducir la jerarquía social del grupo. El alumno rechazado que se sienta al fondo a la derecha no tiene visibilidad, no tiene proximidad con el centro de la red social y no está en el campo de visión natural del tutor. Las filas consolidan posiciones sociales existentes en lugar de crear oportunidades para modificarlas.

Cuándo tiene sentido: En períodos de trabajo individual intenso, para grupos específicos que necesitan estructura física clara, o como disposición puntual para actividades de evaluación. No como configuración permanente del curso.

Disposición en U

Lo que favorece: La visibilidad mutua y el diálogo de grupo completo. En disposición en U, todos los alumnos pueden ver las caras de todos los demás, lo que facilita tanto la participación como la comunicación no verbal. El tutor tiene visibilidad de todo el grupo simultáneamente, lo que reduce el sesgo de atención hacia el triángulo frontal.

Lo que dificulta: El trabajo colaborativo en pequeños grupos y la gestión del ruido en grupos grandes. La U funciona bien hasta veinte alumnos; por encima de eso, los extremos de la U quedan demasiado lejos para una conversación natural.

El matiz sociométrico: La U tiene una trampa que raramente se menciona. Los extremos de la U —las sillas en los laterales más alejados del frente— son las posiciones con menor visibilidad mutua y menor probabilidad de elección sociométrica. En un grupo con alumnos en situación de riesgo, colocarlos en esas posiciones es el error más común y el más fácil de evitar. El interior de la U, cerca del centro, es el espacio de mayor densidad relacional.

Grupos o islas

Lo que favorece: La colaboración, la conversación y el aprendizaje entre iguales. Es la disposición con mayor potencial de intervención sociométrica porque permite diseñar con precisión quién se sienta con quién. Los agrupamientos heterogéneos diseñados con datos sociométricos —como los que hemos descrito en esta serie— requieren esta disposición para funcionar.

Lo que dificulta: La gestión del ruido, la atención frontal y la supervisión individual. En grupos con bajo autocontrol o con conflictos activos entre los alumnos asignados al mismo grupo, puede generar más tensión que cohesión.

El matiz sociométrico: La disposición en islas es la única que permite actuar directamente sobre la red social a través del espacio físico. Situar a un alumno con ISI elevado —el ISI es el índice que Socii calcula para medir el riesgo de exclusión social, de 0 a 100— en un grupo con dos alumnos que lo han elegido en el sociograma y uno con perfil de conector es una intervención estructural que ocurre cada hora, todos los días, sin que requiera ninguna acción adicional del tutor. Es la disposición que más aprovecha los datos sociométricos y la que más desperdicia si se asigna al azar.

Disposición mixta o flexible

Lo que favorece: La adaptación a distintos tipos de actividad. Una clase que funciona con una distribución base en U para las sesiones de tutoría y debate, y con islas para las actividades colaborativas, tiene lo mejor de dos disposiciones sin los inconvenientes de ninguna de ellas de forma permanente.

Lo que dificulta: La logística del cambio de disposición, que en aulas pequeñas o con mucho mobiliario puede consumir demasiado tiempo. Y la consistencia de los agrupamientos: si los grupos cambian cada vez que se reorganiza el aula, se pierde el efecto de mera exposición que hace que la proximidad sostenida construya vínculos.

El criterio de oro: Sea cual sea la disposición, los agrupamientos deben mantenerse el tiempo suficiente para que la proximidad repetida tenga efecto. Zajonc necesita tiempo para funcionar. Cambiar de grupos cada semana anula el mecanismo que hace que sentarse cerca de alguien construya afinidad. El mínimo que la investigación sugiere para que un agrupamiento tenga efecto sociométrico es cuatro semanas.

La decisión que se toma en agosto

La disposición del aula en septiembre no es solo una cuestión de gestión del espacio. Es la primera intervención sociométrica del curso, y se toma sin datos porque el grupo todavía no ha llegado.

Eso significa que en el primer día de clase, la disposición debe ser la que maximice la fluidez relacional —U o grupos mixtos con asignaciones que favorezcan el contacto entre alumnos que no se conocen— y no la que refleje ninguna jerarquía preexistente. Las filas en el primer día son un mensaje implícito sobre cómo va a funcionar ese espacio. No es el mensaje que la mayoría de los tutores quiere dar.

Cuando llegue el sociograma de octubre, la disposición se puede ajustar con datos reales. Qué grupos necesitan reforzar proximidad, qué díadas de rechazo conviene separar, qué alumno necesita estar más cerca del centro de visibilidad del tutor. Hasta entonces, el aula debería estar organizada como las aceras de Jacobs: diseñada para que ocurran encuentros que de otra forma no ocurrirían.

El resto lo hace el tiempo y la proximidad. Zajonc lo demostró en 1968. Los tutores lo ven en el sociograma de octubre. 30-3.jpg