Qué es un sociograma y cómo usarlo en tu aula

El sociograma revela quién está aislado en tu clase en 15 minutos. Te explicamos qué es, qué información aporta y cómo aplicarlo sin perder horas de trabajo.

¿Sabes quién está solo en tu clase?

No me refiero a quién se sienta solo un día porque su mejor amigo faltó. Hablo de ese alumno que lleva semanas eligiendo el último pupitre, el que nadie nombra cuando formas grupos, el que recoge sus cosas en silencio mientras los demás hacen planes para el recreo.

Tardamos una media de cuatro meses en detectar un caso de aislamiento social. Un sociograma lo detecta en quince minutos.

Recuerdo el día que hice mi primer sociograma en papel. Veinticinco alumnos, tres preguntas, una tarde entera dibujando flechas que se cruzaban como autopistas mal diseñadas. Tachaba, rehacía, maldecía mi letra. Al final funcionó: identifiqué a dos chavales completamente aislados que yo creía simplemente "tranquilos". Pero juré que tenía que haber una forma más sensata de hacerlo.

La hay. Pero primero, qué demonios es un sociograma.

Qué es un sociograma (y por qué sigue funcionando 90 años después)

Imagina una radiografía de las relaciones sociales de tu clase. Eso es un sociograma.

Como un mapa del metro, revela conexiones invisibles: quién está vinculado con quién, qué líneas existen, qué estaciones nadie visita. Solo que en lugar de trenes hablamos de afinidades, rechazos y ese territorio pantanoso que llamamos "dinámicas de grupo".

Lo inventó Jacob Moreno en 1934. Psiquiatra rumano, obsesionado con las relaciones humanas, creó esta técnica sociométrica para visualizar quién elige a quién dentro de un grupo. Noventa años después seguimos usándola en escuelas, empresas y equipos deportivos. O es que funciona, o somos muy vagos para innovar. Yo apuesto por lo primero.

¿Qué revela exactamente un sociograma escolar?

Quién está aislado. No tiene conexiones entrantes. Nadie lo elige. Esa es la señal de alarma más potente.

Quién es líder natural. Muchas elecciones, influencia real (no confundir con el que habla más alto).

Subgrupos cerrados. Esos grupos de cuatro que solo se eligen entre ellos y funcionan como fortines medievales.

Relaciones unidireccionales. Alumno A elige a alumno B, pero B no lo elige de vuelta. Pasa más de lo que creemos.

Metapercepción. Lo fascinante: cómo creen que los ven versus cómo los ven realmente. Muchas veces el supuesto "popular" no lo es tanto. Y viceversa.

Un estudio publicado en Scielo en 2018 sobre escuelas chilenas demostró que el uso sistemático de sociogramas mejora la convivencia escolar y reduce conflictos. No porque la herramienta haga magia, sino porque te da información que de otra forma tardarías meses en intuir. Y cuando se trata de acoso o aislamiento, los meses importan.

Así que sí, la técnica tiene pedigrí científico. Ahora viene lo divertido: hacerla.

Cómo se hace un sociograma (versión honesta)

El método manual

Paso 1: Diseña las preguntas. Dos o tres, concretas. Nada de "¿Quién te cae bien?" (demasiado vago). Mejor: "¿Con quién te gustaría hacer un trabajo de clase?" o "¿Con quién te sentarías en una excursión de tres horas?".

Evita el "¿Con quién NO...?". Genera mal rollo y los críos son brutalmente honestos cuando les das permiso para serlo.

Paso 2: Recoge respuestas. Necesitas clima de confianza. Explícales para qué sirve: no es un concurso de popularidad, es una forma de conoceros mejor como grupo. Anónimas o confidenciales según la edad. Tiempo de clase: diez, quince minutos como mucho.

Paso 3: Tabula datos. Aquí empieza lo tedioso. Creas una matriz de doble entrada: filas y columnas con todos los nombres. Marcas quién eligió a quién. Cuentas elecciones recibidas por alumno. Identificas reciprocidades (A elige a B y B elige a A).

Para una clase de veinticinco alumnos, esto te lleva entre dos y tres horas. Si no te equivocas. Que te equivocarás.

Paso 4: Representa gráficamente. Círculos para los alumnos, flechas para las elecciones. Los más elegidos van al centro, los aislados a la periferia. Parece sencillo hasta que intentas que veinticinco círculos con cuarenta y siete flechas quepan en un A4 sin que parezca un plato de espaguetis.

Otra hora. Y eso si tienes buena letra y no te tiembla el pulso.

Paso 5: Interpreta. Busca patrones, no te obsesiones con cada dato. Un alumno sin elecciones es urgente. Dos alumnos que solo se eligen entre ellos pueden estar bien o formar una burbuja problemática (depende del contexto). Los subgrupos cerrados a veces son sanos, a veces son tóxicos.

Total: cinco horas entre diseño, recogida, tabulación, dibujo e interpretación. Cinco horas que no tienes.

La solución práctica

Así funciona la técnica. Y funciona bien. El problema no es el método, es el tiempo.

Por eso existen herramientas como Socii. Proceso automatizado: configuras el cuestionario en cinco minutos (se adapta a la edad de tus alumnos), distribuyes un código QR en diez minutos, y el sistema genera el análisis automáticamente. Sociogramas interactivos, informes profesionales, todo listo.

Lo diferencial de verdad es la metapercepción: la herramienta cruza cómo cada alumno cree que lo ven con cómo lo ven realmente. Eso no lo haces a mano ni con una hoja de cálculo. Y es información de oro.

Además, según los patrones que detecte, te ofrece 317 recomendaciones basadas en investigación científica y más de mil actividades concretas. No es que te diga "este chaval está aislado" y ya está. Te sugiere qué hacer al respecto. Cuesta veinticinco euros al año. Menos que tres cañas al mes. De cinco horas a quince minutos.

Ahora bien, la herramienta no hace milagros

El sociograma —manual, digital, dibujado en una servilleta— solo detecta. Tú decides qué hacer con la información.

Y aquí viene el matiz: no te conviertas en ingeniero social. Detectar patrones no significa controlar cada amistad, reorganizar grupos cada semana o forzar vínculos artificiales. Los chavales necesitan espacio para resolver sus propios conflictos y configurar sus alianzas.

Observa patrones, no microgestiones cada dato. Un alumno que recibe pocas elecciones pero parece contento puede ser simplemente introvertido. Dos alumnas que se rechazan mutuamente tal vez solo necesiten no trabajar juntas, no terapia de grupo.

¿Cuándo actuar? Aislamiento persistente (tres semanas o más sin conexiones). Rechazo sistemático hacia el mismo alumno. Signos evidentes de malestar emocional. Ahí sí, intervén. El resto puede esperar.

Detectar no es intervenir. Detectar es saber cuándo intervenir.

¿Sabes quién está solo en tu clase?

Ahora tienes respuesta. Y herramienta para obtenerla rápido.

Pero también criterio: no actúes sobre cada dato, busca patrones. No fuerces amistades, facilita condiciones. No monitorices obsesivamente, observa con atención.

El sociograma es un mapa, no un manual de instrucciones. Te muestra el territorio. Cómo moverte por él sigue siendo cosa tuya.

Moreno tardó noventa años en darte esta radiografía. Tú decides cuánto tardas en mirarla.